Marketing preparatorio para Arturo

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Nos calzamos los lentes de cristales rojo y azul, ¡y viajamos al pasado!

Destino final: nuestra infancia. Lugar en el que encontraremos un entendimiento clave sobre el marketing y sus diferentes fases, ¿estás listo? 

¡Palomitas de maíz, por favor! Y le damos play a La Espada en la Piedra

El pequeño Arturo es criado como un ayudante de cocina, y ha sido recientemente promovido como escudero de Sir Key, el hijo biológico de Sir Ector y hermano adoptivo de Arturo. Pese a los roles a los que van obligándolo a cumplir desde niño, Arturo entrega toda su responsabilidad y dedicación, sea cual sea la tarea que le toque realizar.

Un buen día, cruzados por uno de los momentos más predichos y predestinados, se encuentra con el gran Mago Merlín y su búho sabio, Arquímedes, y las lecciones de vida disfrazadas de aventura comienzan a sucederse con un orden lógico de fases de aprendizaje.

El pez, la ardilla y el gorrión

A través de la metamorfosis, Arturo va aprendiendo de la mano de Merlín diferentes enfoques desde los cuales, sin saberlo y a través del juego, gana experiencia para comprender cómo empatizar, entender y adquirir nuevas perspectivas, lo que le da la posibilidad de gestar herramientas emocionales y de valiosa estrategia para cuando deban ser aplicadas en distintos momentos de su futuro reinado.

Cuando se convierte en un pez puede empatizar con el mundo acuático, comprender las características de ese entorno, las amenazas, las fortalezas y las debilidades de ser un pequeño actor con aletas y cola. Aprende a fluir y a moverse con los recursos que tiene y obtiene un sondeo de lo que significa vivir en las aguas, es decir, en contextos no explorados y desconocidos a su zona segura.

De la misma manera, cuando es transformado en una ardilla por Merlín, el pequeño Arturo entiende otras lecciones vitales que le darán la habilidad de tener importantes sensores entrenados, necesarios para ser un rey justo y piadoso, en lugar de caer en la desgracia de convertirse en un déspota tirano, esclavo de sus propios caprichos.

Y, por último, cuando Merlín lo convierte en un gorrión colecciona valiosas lecciones relacionadas a la vista desde lo alto, a la capacidad de anticiparse, a la ventaja que esa anticipación le decanta a la mirada estratégica y, no menor, entiende que el poder y el alto vuelo conllevan también un conjunto de desafíos, siendo un lugar de responsabilidad y compromiso tan exigente como el escalafón más raso de todos.

Maravillosa película, pero ¿cómo aplica Merlín los principios del Marketing?

¡Ese viejo mago sí que conocía sobre estrategia y técnicas de mercadeo! 

Sabía lo que hacía con la preparación del futuro Rey Arturo y su famosa mesa redonda de nobles caballeros. Justamente porque, al conocer su destino, al entender cuáles eran sus objetivos, su meta, es que se encargó de prepararlo direccionado con un sentido claro en mente.

En el marketing destinado a impulsar una marca sucede lo mismo. 

Si pretendemos que este se trate de una actividad marcada por la ejecución inmediata de tácticas y acciones que obtengan resultados inmediatos sería equivalente a que el Rey Arturo se hubiese sentado en el trono sin antes haber transitado las valiosas y necesarias lecciones de la mano de Merlín. 

Y es que este es un punto en el que los negocios -sean digitales o no-, ante la necesidad imperiosa de lograr conversiones y resultados, exigen rendimientos económicos a las acciones de marketing por sobre lo que realmente se puede esperar si a esas acciones no se las acompaña de tiempo y experimentación. 

Las fases del Rey Arturo y las etapas del buen marketing

Siguiendo con este planteo, primero se requiere transitar por invaluables definiciones acerca de las bondades, comprensiones, reflexiones, estrategias posibles y caminos trazados desde una fase preparatoria. Fase en la cual pululen las hipótesis a ser validadas una vez que se salga al mercado, bajo un plan estructurado por las líneas motoras de la estrategia de marketing diseñada para una marca.

Ese momento en el que el equipo de marketing se viste con la túnica azul estrellada del Mago Merlín y, de acuerdo a los objetivos que deberá alcanzar el futuro rey, alineado a los objetivos y resultados buscados y pretendidos por la marca, analiza todas las variables del reino en el que deberá actuar -o mejor dicho, del mercado-. Este es el momento en el cual el equipo evalúa los recursos con los que cuenta y, principalmente, entienda y escuche las necesidades, deseos y motivaciones de los destinatarios de las acciones del Rey Arturo. Dicho en términos marketineros, la fase de estudio de mercado, el público objetivo, los recursos disponibles y las posibles vías estratégicas despliega su magia analítica allá, en la alcoba repleta de magia de hervores coloridos y chispas saltarinas de alquimia marketinera, para ir tras el logro de los objetivos de conversión e incremento de ventas.

Luego, y una vez que el Rey Arturo, o la marca que se busca posicionar en el mercado, ha sido estudiada y preparada, llega el momento de poner en marcha las primeras tácticas de gobierno, o bien, las primeras tácticas del plan de marketing. No podemos pretender, entonces, que de buenas a primeras nuestro joven rey tenga una asertividad absoluta y total con todas y cada una de las acciones de su reinado, y mucho menos, podemos esperar que los resultados de sus conquistas, leyes y batallas ganadas se traduzcan de inmediato en objetivos medibles y exitosos sin haber transitado un proceso y un tiempo de posicionamiento digital.

Imposible, aún contando con la magia de Merlín

Y este es el punto. Cuando una marca pretende obtener resultados provenientes de los objetivos de marketing sin haber dado tiempo al posicionamiento de su propuesta, sin haber llegado con propuestas relevantes a su público objetivo y sin probar e iterar constantemente sus acciones de marketing resulta imposible que, entonces, se espere que, como por arte de magia, las conversiones y los resultados monetarios, las ganancias, arriben a las arcas y a la fortuna del rey de manera inmediata.

Consejo del Mago Merlín para el posicionamiento de una marca

Si un negocio necesita generar ingresos y ventas de inmediato, el tiempo prudencial que debería haber conocido para preparar la marca, la estrategia y el plan de acción se trata de medio año hacia atrás, como mínimo. 

Esto quiere decir que, para poder dar en el blanco con las acciones de marketing que logren contribuir a los objetivos de rentabilidad lógica que tiene cualquier negocio, primero se debe preparar al rey, preparar a la marca y su propuesta, para luego lanzar, iterar y mejorar continuamente ese paquete de acciones, con el objetivo de acercar los resultados a la meta de incremento de los ingresos, optimizándolos para lograr acompañar las necesidades del negocio.

En 🦅Eagle Creative Agency hemos montado nuestro laboratorio de alquimia y magia burbujeante, siguiendo las lecciones del Mago Merlín, entendiendo que cada marca que llega a las puertas de nuestro castillo requiere de un pensamiento estratégico, que comprenda tanto las necesidades y objetivos del negocio, como así también las necesidades y motivaciones de su público objetivo, para recién ahí pasar a un plan de reinado próspero que, a través de la medición, iteración y mejora continua, asegure alcanzar el objetivo de ser reconocidos como una leyenda líder de mercado, en la que las hazañas heroicas de los productos y servicios ofrecidos generen en los ciudadanos del reino -o consumidores- la esperada fidelidad de marca.

Las conversiones y las ventas digitales de un negocio no son fruto de la inmediatez, sino del resultado de un proceso en constante mejora, aún cuando se cuente con la alquimia marketinera de Merlín.

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